ARTEMISA · QUIÉNES SOMOS

Una idea un poco loca que terminó convirtiéndose en nuestra vida.

Artemisa nació del amor por los perros, de una manera particular de entenderlos y de animarnos a construir un espacio donde pudieran aprender, explorar, convivir y simplemente ser perros.

NUESTRA HISTORIA

Chris soñó despierto. Ayelén se dejó llevar.

Artemisa Educan existe desde julio de 2023 y Ayelén trabaja como adiestradora desde 2018. Pero la Artemisa que conocemos hoy empezó a tomar forma a principios de 2024, cuando Chris imaginó convertir una casa enorme en un lugar pensado para perros.

Un mes y medio después firmamos el contrato. La casa llevaba años sin ser habitada y había sufrido vandalismo. Faltaban cosas tan básicas como un baño completo utilizable o agua caliente. Hoy nos reímos; en ese momento fue bastante caótico.

Con muchísimo trabajo, ayuda de personas que fueron apareciendo en el camino y bastante aprendizaje sobre la marcha, ese lugar empezó a transformarse en lo que queríamos: primero un proyecto y, muy pronto, también nuestro hogar.

JULIO 2023Nace Artemisa Educan.
ENERO 2024Empieza a tomar forma el sueño de la casa.
4 JUNIO 2024Pasamos nuestra primera noche en Artemisa.
14 JUNIO 2024Llegan Pepe, Morita y Black. Nuestro cumpleaños.
LAS PERSONAS DETRÁS DE ARTEMISA

Un proyecto familiar que se sostiene todos los días.

Artemisa no es solamente un lugar de trabajo. Es nuestra casa, nuestra rutina y una forma de vida que compartimos con los perros que llegan y con las personas que nos acompañan.

Educación · conducta · bienestar

Ayelén

Mucho más que enseñarles a los perros.

Mi camino en la educación canina comenzó en 2018 con la carrera de adiestramiento de la UBA. Hoy, en Artemisa, acompaño a cada perro como individuo y a cada familia desde la comprensión y el bienestar.

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Mi camino en la educación canina comenzó en 2018, con la carrera de adiestramiento de la UBA. Desde entonces fui descubriendo que trabajar con perros implica mucho más que enseñar ejercicios o modificar conductas.

Cada perro es un individuo único, con su propia historia, personalidad y necesidades. Por eso, considero fundamental aprender a observarlos, comprenderlos, respetar sus tiempos y acompañar los vínculos que construyen con las personas.

Con los años, las distintas formaciones, las experiencias y, sobre todo, el trabajo con cada uno de los perros que se cruzaron en mi camino, fueron transformando y enriqueciendo mi manera de entender esta profesión.

Artemisa es el lugar donde puedo llevar esa mirada a la práctica todos los días: acompañar a cada perro como individuo, darle espacio para explorar, aprender y expresarse, y ayudar a las familias a comprenderlo mejor.

Porque para mí, educar también es aprender a mirar al perro que tenemos delante. Y lo más valioso de nuestro trabajo es saber que podemos contribuir al bienestar tanto del perro como de la familia que lo acompaña.

Logística · organización · trabajo con perros

Chris

El que imaginó Artemisa antes de que existiera.

Chris aporta iniciativa, organización y una enorme capacidad para convertir las ideas en realidad. Es uno de los pilares que sostienen Artemisa día a día.

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Chris fue quien primero vio en aquella casa la posibilidad de construir algo diferente. Lo que empezó como una idea durante un taller terminó convirtiéndose en un proyecto de vida compartido.

Hoy es una parte fundamental del funcionamiento cotidiano de Artemisa. Se ocupa de la organización, los traslados, la logística y de resolver muchos de esos desafíos que aparecen cuando se trabaja con perros todos los días.

Su participación también incluye el trabajo directo con ellos y su formación en educación canina.

Chris aporta una mirada práctica, iniciativa y una enorme capacidad para encontrar soluciones. Es uno de los pilares que sostienen Artemisa día a día, quien muchas veces logra transformar nuestras ideas, sueños y proyectos en algo posible.

Porque para que Artemisa sea ese lugar que imaginamos, también hace falta alguien que convierta las ideas en realidad.

PARTE DEL DÍA A DÍA

Lucho

El que siempre encuentra la manera.

Lucho es dinamismo, iniciativa y resolución. Su compromiso, el vínculo con los perros y la confianza que nos transmite lo convierten en una parte importantísima de Artemisa.

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Lucho es dinamismo, iniciativa y resolución. Es de esas personas que, frente a cualquier desafío, encuentran una solución y se ocupan de llevarla adelante de la mejor manera.

Tiene un vínculo muy especial con los perros. Los cuida, los acompaña, los mima y, muchas veces, ¡los malcría más que nosotros! Siempre está pensando cómo mejorar su comodidad, adaptar los espacios y hacer que su día a día sea cada vez mejor.

Conoce Artemisa en cada detalle, se anticipa a las necesidades y aporta algo que para nosotros es invaluable: la tranquilidad de saber que podemos confiar plenamente en él.

Su llegada enriqueció enormemente nuestro equipo. Nos permite encontrar momentos de calma, sabiendo que los perros están acompañados por alguien que comparte nuestro amor por los animales y el compromiso con su bienestar.

Lucho es una parte importantísima de Artemisa. Porque hay personas con las que se puede trabajar con los ojos cerrados, y él es una de ellas.

REDES · COMUNICACIÓN

Lau (Laura)

La que transforma nuestras ideas en Artemisa.

Lau está desde el comienzo. Comprende nuestra manera de pensar y convierte una catarata de ideas en una comunicación que verdaderamente nos representa.

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Lau está desde el comienzo. Es una de esas personas sin las cuales Artemisa no sería lo que es hoy.

Tiene una capacidad increíble para escuchar, comprender y darle forma a nuestras ideas. Incluso cuando llegan todas juntas, desordenadas y a mil por hora, ella sabe encontrarles un sentido y transformarlas en algo que realmente nos representa.

Conoce nuestra manera de pensar, nuestros valores, nuestra forma de trabajar y hasta esas palabras que usamos para explicar lo que hacemos. Por eso, su trabajo va mucho más allá de manejar nuestras redes sociales: es quien nos ayuda a comunicar la esencia de Artemisa.

Detrás de cada publicación, cada mensaje y cada detalle de nuestra comunicación hay dedicación, criterio, paciencia y un compromiso enorme con este proyecto.

Su acompañamiento fue fundamental desde el inicio y sigue siendo una parte importantísima de nuestro crecimiento.

Porque hay personas que ayudan a construir un proyecto sin estar todos los días físicamente en él. Lau es una de ellas. Y para nosotros, Lau también es Artemisa.

“Nuestra meta es que cada perro que llega a Artemisa se vaya un poquito mejor de lo que vino. Que disfrute, aprenda y pueda ser perro.”
NUESTRA FAMILIA DE CUATRO PATAS

Ellos también son parte de la historia.

Melón, Sayuri, Ara, Arashi, Kairos y Tais forman parte de nuestra familia y de la vida cotidiana de Artemisa. Con ellos aprendimos, viajamos, trabajamos, convivimos y seguimos descubriendo nuevas maneras de mirar a los animales que tenemos al lado.

MelónMelón

Melón

Mi primera perra. Mi compañera. El comienzo de todo.

Antes de Artemisa estuvo Melón: mi primera perra, mi compañera inseparable y quien despertó mi vocación.

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Melón es mi niña, mi primera perra y la luz de mis ojos. Fue quien despertó en mí una curiosidad que, con el tiempo, terminaría convirtiéndose en una parte fundamental de mi vida.

Vivíamos juntas en un departamento chiquito, pero nuestra rutina era enorme. Salíamos a pasear por todos lados, íbamos a comer afuera, compartíamos los fines de semana y pasábamos horas en el canil, donde incluso construimos nuestro propio grupo de amigos. Melón se convirtió en mi compañera inseparable y en el motor de mis días.

Y tiene una personalidad muy particular. Es una ovejera alemana con muchísimo carácter y, encima, ¡escorpiana! Siempre me fascinó descubrir sus preferencias, sus ocurrencias y esa manera tan propia de relacionarse con el mundo.

Conmigo era increíblemente obediente, incluso antes de que yo estudiara adiestramiento. Pero si otra persona le pedía exactamente lo mismo, podía desobedecer con un descaro absoluto. Y yo no podía evitar morirme de risa. Nunca dudé de su amor por mí, pero tampoco de que tenía muy claro con quién quería colaborar.

Siempre me había interesado el adiestramiento canino, pero fue con ella con quien empecé a probar, observar y aprender. Melón fue mi primera compañera de prácticas, mi pequeño laboratorio de descubrimientos y, para mí, la perra más inteligente del universo.

También fue quien conoció mi versión más rígida. Antes de formarme profesionalmente, mi manera de enseñar era mucho más estructurada, más cuadradita. Con el tiempo fui aprendiendo que había otras formas de acompañar a los perros, y hoy puedo reconocer cuánto evolucionó mi mirada desde aquellos primeros años.

Desde muy chiquita convive con displasia, y acompañarla me llevó a profundizar en la salud y el bienestar animal. Aprendí a investigar, buscar alternativas y hacer lo mejor que podía con los conocimientos y las posibilidades que tenía en cada momento.

Hoy, con once años, verla feliz, disfrutando de una vida llena de experiencias, es una de mis mayores alegrías.

Antes de Artemisa, antes de dedicarme profesionalmente a los perros, estuvo Melón. Ella despertó mi curiosidad, me acompañó en mis primeros aprendizajes y me enseñó que detrás de cada perro hay una personalidad única que merece ser comprendida.

SayuriSayuri

Sayuri

La que me enseñó que los sueños también se persiguen a cuatro patas.

Yuri fue mi gran desafío, mi compañera de formación y aventuras. Con ella descubrí el trabajo de olfato, la búsqueda de personas y una nueva manera de comprender a las familias.

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Si Melón fue quien me mostró el camino, Sayuri fue quien me llevó a recorrerlo. Pero antes de convertirse en mi gran compañera de aventuras, me enseñó una de las lecciones más difíciles e importantes de mi vida.

Cuando llegó, me habían dicho que los pastores blancos suizos eran tranquilos, casi unas alfombras. Bueno… Yuri tenía otros planes.

Me comió la cama, el sillón, las paredes y las puertas. En la plaza armaba unos escándalos enormes porque no la dejaba ir a jugar con Melón. Tenía una energía que parecía no terminarse nunca y también sus propios miedos e inseguridades.

Hoy puedo recordar algunas de esas situaciones con una sonrisa, pero en aquel momento fueron meses realmente difíciles.

Trabajaba muchísimas horas y hacía todo lo que estaba a mi alcance para que mis perras estuvieran bien. Tenían paseador, salidas, actividades y atención. Probamos desde agility hasta ejercicios de habituación. Yo ya estaba estudiando adiestramiento y empezaba a aplicar lo que aprendía, pero los resultados no llegaban.

Recuerdo la angustia, el agotamiento y esa sensación de estar dando todo sin que fuera suficiente. Llegué a sentirme completamente desbordada, sin saber qué más hacer.

Hasta que, después de varios meses de trabajo, algo empezó a cambiar.

No fue una transformación repentina. Fueron señales pequeñas: una salida a la plaza sin escándalos, otra un poquito más tranquila, menos destrozos en casa. Cambios mínimos, pero constantes.

Y entonces comprendí que todo ese esfuerzo estaba empezando a dar frutos.

Incorporamos nuevas actividades, desafíos físicos y mentales, y una rutina más adecuada para sus necesidades. Poco a poco, empezamos a comprendernos mejor.

Yuri no se convirtió en una perra maravillosa porque dejara de hacer líos. Ya era maravillosa. Lo que cambió fue que aprendimos a entendernos.

Esa experiencia me permitió conocer de cerca la angustia que pueden sentir las familias cuando aman profundamente a su perro, pero no encuentran la manera de ayudarlo.

También me enseñó que cada perro tiene necesidades diferentes y que la constancia, el tiempo y el acompañamiento pueden abrir caminos que al principio parecen imposibles.

Y entonces empezó otra historia.

Yuri se convirtió en mi gran compañera de formación. Hizo conmigo el segundo año de la carrera, practicó obediencia, OCI y búsqueda de personas.

Fue gracias a ella que descubrí uno de los mundos que más me apasionan: el trabajo de olfato.

Me fascinó comprender cómo los perros interpretan los olores, resuelven problemas y utilizan capacidades que forman parte de su naturaleza. La búsqueda de personas abrió una puerta enorme en mi formación y sigue siendo una disciplina que disfruto profundamente.

Nuestros primeros pasos tampoco fueron sencillos. Cuando Yuri se estresaba, en lugar de buscar, me ofrecía todos los ejercicios de obediencia que conocía. Los primeros exámenes fueron un aprendizaje para las dos.

Pero cuando empezó a comprender el trabajo, descubrí una capacidad de aprendizaje, una sensibilidad y una disposición para colaborar que todavía hoy me llenan de orgullo.

Con Yuri rendimos exámenes de AUI e IRO, hicimos rastros, viajamos a Uruguay y Bariloche, recorrimos montañas y vivimos aventuras inolvidables.

Llegamos a caminar a más de 4.000 metros de altura, hasta que mi compañera, que siempre parecía tener energía infinita, me hizo saber que estaba cansada. También compartimos viajes larguísimos con Melón y descubrimos juntas lugares que nunca imaginé recorrer acompañada por mis perras.

Yuri es verdaderamente todo terreno. Es de esas perras que siempre están dispuestas a hacer, aprender, moverse y compartir una nueva aventura.

Hoy tiene diez años, aunque claramente nadie se lo avisó.

En Artemisa se cree una cachorra de dos: corre, juega, persigue a los más jóvenes y a veces se porta peor que ellos. Desde que vivimos acá parece haberse convertido en una pequeña loba salvaje, feliz de tener tanto espacio para explorar.

Es intensa, alegre, sensible, trabajadora y tiene una enorme disposición para acompañarme en todo lo que emprendemos.

Yuri me enseñó a tener paciencia cuando sentía que no podía más, a confiar en los pequeños avances y a descubrir hasta dónde podíamos llegar juntas.

Si Melón despertó mi vocación, Sayuri me ayudó a convertirla en aprendizajes, aventuras y sueños cumplidos. Es mi compañera de camino, mi pequeña loba y una de mis grandes maestras.

AraAra

Ara

La que vino a desafiar todos los planes.

Arita llegó desde Mendoza, con una inteligencia y una intensidad increíbles. Artemisa cambió nuestros planes, pero seguimos construyendo nuestro propio camino.

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Ara llegó a mi vida con un proyecto hermoso: continuar el camino que había comenzado con Sayuri y poner en práctica todo lo que había aprendido durante esos años.

Llegó desde Mendoza, con toda la intensidad y las ganas de descubrir el mundo que todavía hoy la caracterizan. Tan curiosa e inquieta era de cachorra que se puso a comer palitos que encontraba en las macetas y terminó descompuesta.

Apenas unos días después de su llegada, viajamos a Bariloche con Sayuri, que participaba en una actividad de búsqueda. Arita todavía era demasiado pequeña para sumarse al trabajo, así que su participación consistió en pasear, conocer lugares nuevos y acompañarnos.

Mi idea era dedicarle tiempo a su formación, trabajar juntas, explorar nuevas disciplinas y acompañarla desde pequeña en su desarrollo como perra de trabajo.

Pero la vida tenía otros planes.

Cuando Ara llegó, creíamos que Artemisa Home no iba a concretarse. Poco después, el proyecto se hizo realidad y nuestra vida cambió por completo.

Entre la casa, los perros, el trabajo y la construcción de Artemisa, muchas de las actividades que había imaginado para ella tuvieron que esperar.

Y Ara, que es capricorniana hasta la punta de la nariz, claramente no había venido al mundo para quedarse esperando.

Es una perra increíblemente inteligente, intensa, proactiva y con unas ganas enormes de trabajar. Le encanta que le pidan cosas, resolver ejercicios, aprender y sentirse parte de lo que hacemos.

A diferencia de Melón y Sayuri, que tienen temperamentos naturalmente más dóciles, Ara tiene un carácter mucho más fuerte. Su intensidad necesita acompañamiento, reglas claras y oportunidades para canalizar toda esa energía.

Con ella volví a comprobar algo fundamental: no alcanza con que un perro sea inteligente, obediente o tenga una enorme disposición para aprender. También necesitamos comprender su temperamento, sus necesidades y qué posibilidades reales tenemos de acompañarlo en nuestra vida cotidiana.

Ara tiene buenas bases de obediencia y ha logrado avances enormes, tanto en su estabilidad emocional como en su manera de relacionarse con el entorno.

Y lo que más me sorprende es que, incluso sin haber podido dedicarle todo el entrenamiento técnico que me hubiera gustado, tiene una capacidad increíble para comprender lo que le pido. Muchas veces parece encontrar sola la manera de resolver un ejercicio.

Cada vez que trabajamos juntas, hacemos una actividad o nos vamos de viaje, vuelve a dejarme sin palabras.

Todavía tenemos muchísimo por aprender. Nos quedan experiencias de habituación, trabajo técnico y nuevos desafíos que espero podamos ir incorporando con el tiempo. Y quién sabe, quizás también lleguen sus propios exámenes.

Pero Ara no es solamente intensidad y ganas de trabajar.

También es una perra profundamente dulce, cariñosa y bastante malcriada. Se crió rodeada de afecto y tiene sus propias maneras de demostrarlo.

Todas las mañanas, cuando escucha la alarma, aparece para despertarme. Se sube a la cama, se estira completamente sobre mí como si fuera un rodillo y empieza a llenarme de besos, convencida de que no existe mejor manera de comenzar el día.

Y probablemente tenga razón.

Con Melón y Sayuri convive maravillosamente. Aunque su temperamento es diferente, las normas claras, el trabajo cotidiano y el respeto por los recursos y espacios de cada una nos permiten disfrutar de una convivencia tranquila.

Ara me recuerda constantemente que cada perro es un individuo, que las necesidades cambian y que incluso cuando tenemos conocimientos y experiencia debemos seguir observando, aprendiendo y adaptándonos.

Quizás no pudimos recorrer exactamente el camino que había imaginado para ella, pero estamos construyendo uno propio. Y cada vez que la veo aprender, trabajar o simplemente disfrutar de su vida, me recuerda que todavía tenemos muchísimas aventuras por delante.

ArashiArashi

Arashi

El que llegó con la tormenta.

Inteligente, independiente y aventurero. Arashi nos enseñó cuánto pueden influir la salud, el bienestar y los tiempos propios en la manera de relacionarse.

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Arashi fue el primero de nuestros tres gatos en llegar. Apareció en nuestras vidas un día de una tormenta tremenda y, como si hubiera decidido hacerle honor al clima, llegó con un carácter igual de intenso.

Siempre me gustaron los nombres poco comunes y, cuando descubrí que Arashi significa tormenta en japonés, supe que era perfecto para él.

Desde el principio dejó muy claro que tenía personalidad propia. Recuerdo una vez que estaba dándole pollito y un pedacito se me quedó pegado al dedo. Cuando intentó llevárselo y no pudo, se enojó tanto que terminó mordiéndome.

Así era Arashi: decidido, independiente y bastante poco dispuesto a negociar.

Pero también era increíblemente inteligente. Desde muy chiquito aprendió a responder a su nombre y a sentarse cuando se lo pedía.

Con él y con Tais empecé a trabajar pequeñas pautas de convivencia, límites y conductas aprendidas. Incluso hice un curso sobre comportamiento felino que me ayudó muchísimo a comprender sus necesidades y sus formas de comunicarse.

Arashi no era especialmente demostrativo conmigo al principio. Parecía haber llegado a casa para hacer exactamente lo que se le antojara.

Con Sayuri, en cambio, fue diferente.

La eligió como su gran compañera. Se acostaba sobre ella, la amasaba y buscaba su cercanía como si hubiera encontrado una mamá enorme, blanca y peluda.

Y aunque conmigo tenía sus propias reglas, fuimos construyendo un vínculo muy lindo, con juegos, aprendizajes y límites claros.

Arashi también tenía una faceta bastante traviesa. En nuestro departamento, los gatos contaban con estructuras de varios niveles, estantes y espacios elevados para trepar y descansar.

A veces se instalaba en lo más alto y, cuando alguien pasaba por debajo, estiraba una patita para darle un pequeño zarpazo de sorpresa. Después salía corriendo por los muebles, como si nada hubiera pasado.

Con el tiempo, su historia también nos llevó a aprender muchísimo sobre salud felina.

Arashi dio positivo a calicivirus felino y comenzó a presentar inflamación en la boca. Al principio parecía algo menor, pero con el tiempo se volvió un problema importante.

Atravesamos estudios, consultas y distintos tratamientos. Fue un proceso largo, en el que aprendimos sobre enfermedades felinas, cuidados específicos y cómo el estrés puede influir en la salud de los animales.

Lo más sorprendente era que, a pesar de la inflamación, Arashi seguía comiendo y acicalándose. Desde afuera, muchas veces no resultaba evidente cuánto podía estar afectándolo.

Finalmente, después de intentar distintas alternativas junto con los profesionales que lo atendían, tuvimos que tomar la decisión de realizarle una extracción dental casi completa.

Y entonces ocurrió algo que me marcó profundamente.

Con el paso de los meses, Arashi empezó a mostrarse mucho más tranquilo, dulce y sociable. Su manera de relacionarse con nosotros cambió muchísimo.

Aquel gato que antes administraba cuidadosamente sus demostraciones de afecto comenzó a buscar cada vez más nuestra compañía.

Hoy parece un perrito más de la familia. Me recibe maullando, me sigue por la casa, busca dormir encima mío y reclama cariño con una insistencia que jamás hubiera imaginado cuando llegó.

También conserva su espíritu aventurero. Cuando nos mudamos a Artemisa, desde el primer día ya estaba explorando y trepándose a los árboles, como si aquel enorme espacio hubiera estado esperándolo.

Arashi me enseñó que detrás de una conducta pueden existir muchas cosas que no vemos a simple vista: personalidad, experiencias, necesidades, emociones e incluso malestar físico.

Porque a veces creemos que conocemos perfectamente el carácter de un animal, hasta que algo cambia y descubrimos una faceta suya que todavía no habíamos tenido la oportunidad de conocer.

Arashi llegó como una tormenta. Y con el tiempo nos regaló una dulzura que nunca imaginamos.

KairosKairos

Kairos

El que llegó en el momento justo.

Llegó de tránsito y se quedó para siempre. Aventurero, capricorniano y convencido de que nunca recibimos suficientes mimos.

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Kairos llegó a casa junto con sus tres hermanitos. La idea era cuidarlos temporalmente hasta que cada uno encontrara una familia.

Y así fue sucediendo. Uno a uno, sus hermanos fueron adoptados.

Pero cada vez que uno se iba, Kairos lo buscaba por todo el departamento y lloraba. Verlo así me partía el corazón.

Además, había construido un vínculo muy especial con Sayuri. La seguía por todos lados, dormía junto a ella y la amasaba, como si también hubiera encontrado en nuestra perra a una mamá.

Cuando llegó el momento de buscarle su hogar definitivo, empecé a imaginar lo que significaría para él separarse de todo lo que ya conocía.

Y aunque estábamos muy cerca de concretar su adopción, decidí que se quedara.

Así fue como Kairos se ganó oficialmente su lugar en nuestra familia.

Su nombre viene de Kairós, una figura de la mitología griega asociada al momento oportuno, a ese instante preciso en el que algo sucede. Y, sin haberlo planeado, terminó siendo un nombre perfecto para su historia.

Kairos es un gato cariñosísimo, intenso, juguetón y con una necesidad enorme de atención. También es capricorniano y bastante terco.

Está absolutamente convencido de que los mimos son la solución a cualquier problema. Y no solamente necesita recibirlos: considera que vos también los necesitás, aunque no se lo hayas pedido.

Si se sube encima tuyo y lo bajás, parece tener resortes en las patas. Vuelve a subir inmediatamente, una y otra vez, hasta que aceptás recibir todo ese cariño que, según él, te hace tanta falta.

Su llegada no estuvo libre de desafíos. Al principio, especialmente viviendo en un departamento pequeño, su energía y sus ganas constantes de interactuar generaron algunas dificultades en la convivencia.

Pero con tiempo, espacio y aprendizaje, los tres gatos fueron encontrando su equilibrio.

Hoy comparten mi cama todas las noches, cada uno con su lugar, sus preferencias y su propia manera de relacionarse.

Kairos sigue siendo el explorador de siempre. Cuando vivíamos en Vicente López, más de una vez tuvimos que salir a buscarlo porque había decidido que era un excelente día para irse de paseo.

En Artemisa fue uno de los primeros en relajarse y sentirse cómodo con el nuevo entorno. Le llevó muy poco tiempo empezar a disfrutar de esa vida que parecía estar esperándolo.

Kairos me enseñó que a veces la familia no se planea. Simplemente aparece en el momento justo, se acomoda en tu vida y, cuando te das cuenta, ya no imaginás tu casa sin ella.

Y que, según él, nunca existe una cantidad suficiente de mimos.

TaisTais

Tais

La que me eligió a mí.

Dulce, tranquila y sensible, Tais nos enseña que cada animal necesita su propio tiempo para sentirse seguro y descubrir el mundo.

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Después de Arashi, quería adoptar una compañerita para que no creciera solo. Había perdido a Orión, mi gatito anterior, y no quería repetir la experiencia de tener un único gato en casa.

Así apareció Tais.

La habían encontrado abandonada, con una conjuntivitis muy avanzada, y todavía estaba recuperándose. Por eso, aunque yo ya quería adoptarla, tuvimos que esperar.

Quienes la cuidaban vinieron a conocer nuestra casa, comprobar que el departamento fuera seguro y ver cómo era la convivencia con Melón y Sayuri. También trajeron a dos hermanitos de Tais, por si alguno podía integrarse antes.

Pero aquellos gatitos no parecían demasiado convencidos de compartir su vida con perros. Melón y Sayuri tampoco entendían muy bien qué hacer con ellos.

Tais, en cambio, tenía una actitud completamente diferente: parecía que nada de lo que sucedía a su alrededor le preocupaba demasiado.

Cuando finalmente llegó a casa, Arashi fue enseguida a investigarla y mordisquearla. Ella continuó explorando como si nada. Solo protestaba un poquito cuando él se ponía demasiado insistente.

Esa paciencia fue una de las primeras cosas que me enamoraron de ella.

Y mientras Arashi había elegido a Sayuri, Tais me eligió a mí.

Le encantaba acostarse sobre mi pecho, amasarme el pelo y quedarse dormida conmigo. Es una gata profundamente dulce, tranquila y cariñosa, que disfruta de los mimos, la comida rica y los espacios donde nadie la moleste demasiado.

También es la más sensible frente a las novedades. Cuando nos mudamos a Artemisa, mientras los otros gatos exploraban rápidamente, Tais necesitó muchísimo más tiempo. Le llevó cerca de un año sentirse preparada para salir de la casa con tranquilidad.

Y estuvo bien que así fuera.

Con Arashi construyó un vínculo precioso desde pequeña. Dormían abrazados, compartían espacios y encontraron una manera de convivir que todavía hoy me enternece.

Tais me recuerda que no todos necesitan descubrir el mundo a la misma velocidad. Algunos encuentran su felicidad en la calma, en los vínculos seguros y en saber que tienen un lugar al que siempre pueden volver.

«Melón me mostró el camino. Sayuri me enseñó hasta dónde podíamos llegar».

Convivir también es respetar los espacios de cada uno.

Nuestros gatos son parte de nuestra familia. Pero vivir en un lugar donde también recibimos perros implica una responsabilidad enorme: no todos los perros conocen a los gatos, ni todas las interacciones son adecuadas. Por eso organizamos la convivencia con espacios seguros, supervisión y decisiones individuales. Nuestros gatos no comparten libremente todos los ambientes con todos los perros.

Convivir no significa estar todos juntos todo el tiempo. Significa respetar las necesidades, los límites y el bienestar de cada individuo.

NUESTRA CASA

Artemisa también es nuestro hogar.

Estamos en La Lonja, Pilar, en un espacio de casi 3.660 m², con aproximadamente 1.600 m² cubiertos. No trabajamos con caniles: los perros forman parte de la dinámica de la casa y comparten espacios, rutinas, momentos de actividad y descanso.

La amplitud y la posibilidad de sectorizar nos permiten organizar grupos y propuestas según compatibilidades y necesidades, sin perder de vista la seguridad y el cuidado del entorno.

La convivencia cotidiana nos permite observarlos en situaciones reales, conocerlos mejor y acompañarlos de una manera cercana.

UNA RED PARA CUIDARLOS

Cuando necesitamos otra mirada, no estamos solos.

Contamos con contacto veterinario las 24 horas y una red de profesionales que nos permite acompañar distintas necesidades: veterinarios a domicilio, clínicas y especialistas cercanos, estudios, fisioterapia, acupuntura y otras terapias complementarias.

No reemplazamos a los profesionales de salud. Nuestro rol es observar, comunicar y ayudar a coordinar cuando un perro necesita una atención adicional.

LOS QUE TAMBIÉN HACEN ARTEMISA

Nada de esto se construye solo.

Aunque muchas veces vean nuestras caras, Artemisa también existe gracias a todas las personas que nos acompañan y que, desde distintos lugares, hacen posible que este proyecto siga creciendo.

A quienes forman y formaron parte de nuestro equipo, poniendo tiempo, trabajo, paciencia, ideas, manos y corazón: gracias por ayudarnos a sostener esta locura hermosa.

Y especialmente a cada una de las familias que alguna vez confió en nosotros. Gracias por permitirnos conocer a sus perros, aprender de ellos, acompañarlos y formar parte, aunque sea por un pedacito, de sus historias.

Artemisa fue creciendo con Pepe, Morita y Black, nuestros primeros huéspedes, y con cada perro que llegó después. Con los que vinieron una vez, con los que vuelven todas las semanas, con los que se quedaron durante unas vacaciones y con aquellos que necesitaron un poquito más de nosotros.

Cada uno dejó algo.

A todos los perros y personas que forman y formaron parte de Artemisa: gracias. Ustedes también son parte de nuestra historia.
GRACIAS POR SER PARTE

Artemisa nos transformó también a nosotros.

Nos capacitamos, nos organizamos y seguimos aprendiendo con cada familia y cada perro que pasa por acá. Y seguimos disfrutando de esas pequeñas cosas que nos recuerdan por qué empezamos: tomar mate mientras los perros juegan, ver a uno que antes no podía compartir con otros integrarse al grupo, o acompañar a un perro con miedo hasta que empieza a explorar y disfrutar.

Artemisa es nuestra vida: hermosa, divertida, a veces un poco caótica, pero llena de amor.

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